Mitos acerca de la lectura


Por Janet Doman

 

Mito #1 Los niños que aprenden a leer antes de ir a la escuela, se aburrirán cuando asistan a ésta.

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Esto no es un mito. Los niños que aprenden a leer antes de ir a la escuela, se aburrirán cuando asistan a ésta, pero también pasará lo mismo con los niños que no aprendieron a leer antes de empezar la escuela. Todos los niños se aburren en la escuela y esto es porque la escuela es aburrida.

Los niños ingresan a la escuela emocionados de estar ahí y están llenos de expectativas, pero desafortunadamente lo que les espera ahí no es lo que ellos desean. Una vez que la emoción por la nueva mochila o el autobús escolar ha pasado, los niños de primer año se establecen en la realidad de que la escuela es aburrida. Rara vez se les da la oportunidad a los niños de ir o no a la escuela, así que aprenden a aceptar que deben esperar varias horas para que sea el receso, esperando por su refrigerio y siendo felices cuando finalmente pueden regresar a casa.

La pregunta no es quién se aburrirá, sino quién manejará mejor la aburrición. Frecuentemente, algunos profesores de primer grado les dan oportunidad a los niños que ya saben leer de ir a la biblioteca a leer mientras los profesores enseñan al resto de los niños a leer, lo cual es maravilloso para un lector. Aún más brillantes son los profesores que piden a quien ya sabe leer, que ayude a enseñar a otros niños, especialmente a quienes se les dificulta y así puedan aprendan unas cuantas palabras. Esta es una oportunidad increíble para que el pequeño lector pueda marcar una diferencia y fortalecer su propia habilidad.

Los niños que no pueden leer cuando ya están cursando la escuela, sufrirán en el proceso, algunos de ellos aprendiendo unos cuantos cientos de palabras al final del año, pero 35% no dominarán esas palabras e irán de la frustración a la desmoralización debido a su experiencia.

Es bueno, no malo ser capaz de leer cuando llegan a la escuela. Ayuda a que el niño esté a “prueba de escuela.”

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Mito #2 Enseñar a un niño a leer antes de su ingreso a la escuela, lo hará un pequeño e incómodo genio.

Bueno, al menos este mito reconoce que los niños que aprenden a leer cuando son muy jóvenes obtendrán información y como resultado, habrán incrementado su crecimiento intelectual comparándolo al de un niño al que no se le ha dado esa oportunidad, eso es verdad.

Cuando a un niño se le ha dado la habilidad de leer, puede explorar el mundo a través de los libros. Ya no es completamente dependiente de adultos y puede hacer exploraciones por sí mismo.

Sí, obtiene mucho conocimiento de esta manera tal como lo hace cualquier buen lector. También obtiene confianza en su propia habilidad para aprender y sí, llevará ese conocimiento a la escuela consigo. Sin embargo, ese mito asume (incorrectamente) que el conocimiento lleva a la molestia. La buena noticia es que no es así.

Los niños no son naturalmente desagradables, sino amables y generosos a menos que un adulto desagradable pase mucho tiempo siendo una compañía molesta para el niño y enseñándole a ser molesto con otros.

Los niños que han pasado mucho tiempo en casa junto a sus padres aprendiendo a leer, también ganan cualidades sociales. Son seguros y felices con respecto a ellos mismos y en nuestra experiencia por más de medio siglo, estos niños son más propensos a ser pacifistas en la escuela, son los que buscan ser amigos del niño que otros están molestando. Los bravucones son esos niños que no sienten seguridad ni felicidad, tan simple como eso.

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Mito #3 Los niños muy jóvenes no pueden aprender a leer porque tienen poca capacidad de concentración.

Mira cuidadosamente a un bebé de 18 meses y observa lo que hace. Frecuentemente exaspera a todos. ¿Por qué?

Porque el pequeño niño no dejará de ser curioso. Los pequeños no pueden ser disuadidos o disciplinados en cuanto a su deseo de aprender, no importa qué tanto nos esforcemos. El niño quiere aprender sobre la lámpara, la taza de café, la conexión eléctrica, el periódico y de todo en la habitación, lo que significa que hará caer la lámpara, derramará el café y hará trizas el periódico. Concluimos que ese niño pequeño es hiperactivo e incapaz de prestar atención.

Pero la verdad es que el niño pone atención a todo.

Sólo hay cinco vías cerebrales, podemos ver, escuchar, sentir, probar y oler y los niños muy jóvenes, usarán todas ellas para aprender acera del mundo. El niño no querrá irse de una habitación hasta que haya revisado todo en ese lugar que es nuevo para él. Verá las cosas que están fuera de su alcance, escuchará algún objeto si puede, seguramente tocará cualquier cosa que se le permita tocar y podría probar u oler cosas que parecen merecer la inspección.

Como adultos vemos este desplegado de curiosidad y experimentación y ¿qué concluimos? Frecuentemente concluimos que el niño tiene poca capacidad de atención cuando en realidad atiende (realmente atiende) a todo en la habitación. Los niños pequeños tienen una atención, interés y entusiasmo por aprender que son sobresalientes. Cuando ofrecemos palabras de lectura a los niños, las devorarán con una rapidez sorprendente.